miércoles, 2 de agosto de 2006

El Aleph... de Borges

" En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Frey Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer de pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemont Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplicaban sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osadura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi propia sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo. "
Jorge Luis Borges - El Aleph (Fragmento)
(Gracias a El Poder de la Palabra)

Tiempo después de leer el libro de Borges, comentando con una amiga sobre lo que el Aleph es o no es, lo comparamos con esos momentos de extraña lucidez en que dejamos la mente correr sola, a su aire, sobre algo en concreto. Sobre algo importante para nosotros. Y recordamos de un tirón las fotografías que conforman una parte definida e importante de nuestras vidas, ya sean los años de la carrera, algún viaje largo al extranjero o alguna época concreta de nuestra infancia. Acaso no lo hacemos todos con aquella persona que nos dejó huella, que ocupó nuestro corazón, o con algún familiar o amigo que de una u otra forma se quedó por el camino. Y además los momentos que recordamos no son necesariamente los más importantes o decisivos, son los que por alguna extraña razón se nos quedan grabados de forma imborrable y nos hacen lo que somos. Como ladrillos de un edificio en permanente construcción. No sabríamos decir por qué unos sí y otros no. Y en esa lista mental que todos hemos hecho alguna vez no sólo hay imágenes, también hay sonidos, besos, músicas, abrazos, olores, silencios, la extraña luz de aquel momento. En fin, que quizá eso es el Aleph de cada uno, el Aleph que somos ¿no?

4 comentarios:

Low Rita dijo...

A mí me pasa que al escuchar una canción, o al oler un determinado perfume... me vienen a la cabeza un montón de recuerdos relacionados con eso. Lo bueno es que no relacionas esas situaciones con esos olores o sonidos hasta que los oyes tiempo después, en una situación completamente diferente...

Jordi Soler dijo...

En el fondo eso es la vida: una acumulación de fotografías que ordenamos en nuestra cabeza por orden de importancia... Y dicen que antes de palmar se ven todas de golpe... ¡Lástima que no quede nadie para confirmarlo!

abenamar dijo...

Esas sensaciones son muy chulas. Dicen que sólo aprovechamos un % muy bajo de nuestra inteligencia o capacidad mental, ¿qué pasaría si consiguiésemos usar más?

Low Rita dijo...

... seríamos la oxtia!!!