"A new generation dedicated more than the last to the fear of poverty and the worship of success; grown up to find all Gods dead, all wars fought, all faiths in man shaken." "Una generación nueva, que se dedica más que la última a temer a la pobreza y a adorar el éxito; crece para encontrar muertos a todos los dioses, tiene hechas todas las guerras y debilitadas todas las creencias del hombre." Francis Scott Fitzgerald, escritor norteamericano (1896-1940)
Siento si ultimamente parezco algo pesimista. Bueno, hablando a nivel político o social la verdad es que no nos quedan muchas más opciones. No sé, es como si todos estuvieramos esperando que pasase algo. Como si hubiesen dado alerta de huracán y estuviesemos todos encerrados en casa, apuntalando ventanas, racionando los víveres y contando las horas para que llegue lo fuerte. Y no sabemos cuanto va a durar.
MIentras tanto uno puede intentar disfrutar de la felicidad.
Es el tema del que todos hablamos. La crisis. He leído un post muy interesante, como tantas veces, en Vida de un Consultor, que realmente invita a pensar en frío sobre lo que está pasando y sobre lo que está por venir.
El domingo por la noche estabamos charlando con un amigo de la familia, que por su posición hasta hace poco ha estado en contacto con digamos, ejecutivos de máximo nivel y conoce el mundo de las empresas más que yo. Y la conclusión a la que llegaba es "el dinero lo ciega todo". Hablabamos del riesgo, de la aversión al riesgo, del endeudamiento que hemos asumido todos (las empresas, los ciudadanos,...) del descontrol de la banca, de los beneficios milmillonarios de las grandes empresas, de la locura consumista. Y él decía eso, que al final uno, sea banquero, promotor inmobiliario, taxista o torero relaja todas sus alertas ante la posibilidad de ganar más, de comprar algo mejor, o incluso a veces solo de parecer más rico. Eso tan viejo como el hombre, esa "tentación" en sentido incluso religioso. Uno ve una casa muy cara y tiene un angel en el hombro que le dice "es una locura no puedes pagarlo" y un demonio en el otro hombro diciendole "lanzate, si no te forras tú, lo hará otro"... y al final, en muchos casos, es humano caer. Y otra circunstancia que se confirma es la gran tragedia que como país afrontamos con el desastre educativo en el que nos hemos enfangado. Llevados por irresponsables políticos, pero seamos realistas, sin oponer la menor resistencia real como sociedad. Aunque suene un poco carca o incluso stajanovista, hay que recuperar la cultura del esfuerzo, de valorar cada paso que se da y cada cosa que se tiene. La cultura de la autocrítica. Porque si todo lo que hacemos es pedir que el Estado nos compre las cosas o financiarlo a 30 años estamos cavando nuestra propia tumba.
Acabo ya, a todo esto nada ayuda el hecho de que vivimos en una "democtadura" en la que sí, es cierto que formalmente se respeta el derecho de la mayoría a decidir, pero que en realidad no es si no un teatro, en ocasiones grotesco, en el que dos o tres grandes grupos de presión se reparten el poder, el dinero y el futuro. Convirtien así la gestión de los intereses públicos en una competición de marketing cutre para idiotas, en la que se hipoteca el futuro a cambio de unos cuantos despachos.
¿Debe quién no es un experto en cuestiones económicas y sociales opinar sobre el socialismo? Por una serie de razones creo que si. Permítasenos primero considerar la cuestión desde el punto de vista del conocimiento científico. Puede parecer que no hay diferencias metodológicas esenciales entre la astronomía y la economía: los científicos en ambos campos procuran descubrir leyes de aceptabilidad general para un grupo circunscrito de fenómenos para hacer la interconexión de estos fenómenos tan claramente comprensible como sea posible. Pero en realidad estas diferencias metodológicas existen. El descubrimiento de leyes generales en el campo de la economía es difícil por que la observación de fenómenos económicos es afectada a menudo por muchos factores que son difícilmente evaluables por separado. Además, la experiencia que se ha acumulado desde el principio del llamado período civilizado de la historia humana --como es bien sabido-- ha sido influida y limitada en gran parte por causas que no son de ninguna manera exclusivamente económicas en su origen. Por ejemplo, la mayoría de los grandes estados de la historia debieron su existencia a la conquista. Los pueblos conquistadores se establecieron, legal y económicamente, como la clase privilegiada del país conquistado. Se aseguraron para sí mismos el monopolio de la propiedad de la tierra y designaron un sacerdocio de entre sus propias filas. Los sacerdotes, con el control de la educación, hicieron de la división de la sociedad en clases una institución permanente y crearon un sistema de valores por el cual la gente estaba a partir de entonces, en gran medida de forma inconsciente, dirigida en su comportamiento social. Pero la tradición histórica es, como se dice, de ayer; en ninguna parte hemos superado realmente lo que Thorstein Veblen llamó "la fase depredadora" del desarrollo humano. Los hechos económicos observables pertenecen a esa fase e incluso las leyes que podemos derivar de ellos no son aplicables a otras fases. Puesto que el verdadero propósito del socialismo es precisamente superar y avanzar más allá de la fase depredadora del desarrollo humano, la ciencia económica en su estado actual puede arrojar poca luz sobre la sociedad socialista del futuro. En segundo lugar, el socialismo está guiado hacia un fin ético-social. La ciencia, sin embargo, no puede establecer fines e, incluso menos, inculcarlos en los seres humanos; la ciencia puede proveer los medios con los que lograr ciertos fines. Pero los fines por si mismos son concebidos por personas con altos ideales éticos y --si estos fines no son endebles, sino vitales y vigorosos-- son adoptados y llevados adelante por muchos seres humanos quienes, de forma semi-inconsciente, determinan la evolución lenta de la sociedad. Por estas razones, no debemos sobrestimar la ciencia y los métodos científicos cuando se trata de problemas humanos; y no debemos asumir que los expertos son los únicos que tienen derecho a expresarse en las cuestiones que afectan a la organización de la sociedad. Muchas voces han afirmado desde hace tiempo que la sociedad humana está pasando por una crisis, que su estabilidad ha sido gravemente dañada. Es característico de tal situación que los individuos se sienten indiferentes o incluso hostiles hacia el grupo, pequeño o grande, al que pertenecen. Como ilustración, déjenme recordar aquí una experiencia personal. Discutí recientemente con un hombre inteligente y bien dispuesto la amenaza de otra guerra, que en mi opinión pondría en peligro seriamente la existencia de la humanidad, y subrayé que solamente una organización supranacional ofrecería protección frente a ese peligro. Frente a eso mi visitante, muy calmado y tranquilo, me dijo: "¿porqué se opone usted tan profundamente a la desaparición de la raza humana?" Estoy seguro que hace tan sólo un siglo nadie habría hecho tan ligeramente una declaración de esta clase. Es la declaración de un hombre que se ha esforzado inútilmente en lograr un equilibrio interior y que tiene más o menos perdida la esperanza de conseguirlo. Es la expresión de la soledad dolorosa y del aislamiento que mucha gente está sufriendo en la actualidad. ¿Cuál es la causa? ¿Hay una salida? Es fácil plantear estas preguntas, pero difícil contestarlas con seguridad. Debo intentarlo, sin embargo, lo mejor que pueda, aunque soy muy consciente del hecho de que nuestros sentimientos y esfuerzos son a menudo contradictorios y obscuros y que no pueden expresarse en fórmulas fáciles y simples. El hombre es, a la vez, un ser solitario y un ser social. Como ser solitario, procura proteger su propia existencia y la de los que estén más cercanos a él, para satisfacer sus deseos personales, y para desarrollar sus capacidades naturales. Como ser social, intenta ganar el reconocimiento y el afecto de sus compañeros humanos, para compartir sus placeres, para confortarlos en sus dolores, y para mejorar sus condiciones de vida. Solamente la existencia de éstos diferentes, y frecuentemente contradictorios objetivos por el carácter especial del hombre, y su combinación específica determina el grado con el cual un individuo puede alcanzar un equilibrio interno y puede contribuir al bienestar de la sociedad. Es muy posible que la fuerza relativa de estas dos pulsiones esté, en lo fundamental, fijada hereditariamente. Pero la personalidad que finalmente emerge está determinada en gran parte por el ambiente en el cual un hombre se encuentra durante su desarrollo, por la estructura de la sociedad en la que crece, por la tradición de esa sociedad, y por su valoración de los tipos particulares de comportamiento. El concepto abstracto "sociedad" significa para el ser humano individual la suma total de sus relaciones directas e indirectas con sus contemporáneos y con todas las personas de generaciones anteriores. El individuo puede pensar, sentirse, esforzarse, y trabajar por si mismo; pero él depende tanto de la sociedad -en su existencia física, intelectual, y emocional- que es imposible concebirlo, o entenderlo, fuera del marco de la sociedad. Es la "sociedad" la que provee al hombre de alimento, hogar, herramientas de trabajo, lenguaje, formas de pensamiento, y la mayoría del contenido de su pensamiento; su vida es posible por el trabajo y las realizaciones de los muchos millones en el pasado y en el presente que se ocultan detrás de la pequeña palabra "sociedad". Es evidente, por lo tanto, que la dependencia del individuo de la sociedad es un hecho que no puede ser suprimido -- exactamente como en el caso de las hormigas y de las abejas. Sin embargo, mientras que la vida de las hormigas y de las abejas está fijada con rigidez en el más pequeño detalle, los instintos hereditarios, el patrón social y las correlaciones de los seres humanos son muy susceptibles de cambio. La memoria, la capacidad de hacer combinaciones, el regalo de la comunicación oral ha hecho posible progresos entre los seres humanos que son dictados por necesidades biológicas. Tales progresos se manifiestan en tradiciones, instituciones, y organizaciones; en la literatura; en las realizaciones científicas e ingenieriles; en las obras de arte. Esto explica que, en cierto sentido, el hombre puede influir en su vida y que puede jugar un papel en este proceso el pensamiento consciente y los deseos. El hombre adquiere en el nacimiento, de forma hereditaria, una constitución biológica que debemos considerar fija e inalterable, incluyendo los impulsos naturales que son característicos de la especie humana. Además, durante su vida, adquiere una constitución cultural que adopta de la sociedad con la comunicación y a través de muchas otras clases de influencia. Es esta constitución cultural la que, con el paso del tiempo, puede cambiar y la que determina en un grado muy importante la relación entre el individuo y la sociedad como la antropología moderna nos ha enseñado, con la investigación comparativa de las llamadas culturas primitivas, que el comportamiento social de seres humanos puede diferenciar grandemente, dependiendo de patrones culturales que prevalecen y de los tipos de organización que predominan en la sociedad. Es en esto en lo que los que se están esforzando en mejorar la suerte del hombre pueden basar sus esperanzas: los seres humanos no están condenados, por su constitución biológica, a aniquilarse o a estar a la merced de un destino cruel, infligido por ellos mismos. Si nos preguntamos cómo la estructura de la sociedad y de la actitud cultural del hombre deben ser cambiadas para hacer la vida humana tan satisfactoria como sea posible, debemos ser constantemente conscientes del hecho de que hay ciertas condiciones que no podemos modificar. Como mencioné antes, la naturaleza biológica del hombre es, para todos los efectos prácticos, inmodificable. Además, los progresos tecnológicos y demográficos de los últimos siglos han creado condiciones que están aquí para quedarse. En poblaciones relativamente densas asentadas con bienes que son imprescindibles para su existencia continuada, una división del trabajo extrema y un aparato altamente productivo son absolutamente necesarios. Los tiempos -- que, mirando hacia atrás, parecen tan idílicos -- en los que individuos o grupos relativamente pequeños podían ser totalmente autosuficientes se han ido para siempre. Es sólo una leve exageración decir que la humanidad ahora constituye incluso una comunidad planetaria de producción y consumo. Ahora he alcanzado el punto donde puedo indicar brevemente lo que para mí constituye la esencia de la crisis de nuestro tiempo. Se refiere a la relación del individuo con la sociedad. El individuo es más consciente que nunca de su dependencia de sociedad. Pero él no ve la dependencia como un hecho positivo, como un lazo orgánico, como una fuerza protectora, sino como algo que amenaza sus derechos naturales, o incluso su existencia económica. Por otra parte, su posición en la sociedad es tal que sus pulsiones egoístas se están acentuando constantemente, mientras que sus pulsiones sociales, que son por naturaleza más débiles, se deterioran progresivamente. Todos los seres humanos, cualquiera que sea su posición en la sociedad, están sufriendo este proceso de deterioro. Los presos a sabiendas de su propio egoísmo, se sienten inseguros, solos, y privados del disfrute ingenuo, simple, y sencillo de la vida. El hombre sólo puede encontrar sentido a su vida, corta y arriesgada como es, dedicándose a la sociedad. La anarquía económica de la sociedad capitalista tal como existe hoy es, en mi opinión, la verdadera fuente del mal. Vemos ante nosotros a una comunidad enorme de productores que se están esforzando incesantemente privándose de los frutos de su trabajo colectivo -- no por la fuerza, sino en general en conformidad fiel con reglas legalmente establecidas. A este respecto, es importante señalar que los medios de producción --es decir, la capacidad productiva entera que es necesaria para producir bienes de consumo tanto como capital adicional-- puede legalmente ser, y en su mayor parte es, propiedad privada de particulares. En aras de la simplicidad, en la discusión que sigue llamaré "trabajadores" a todos los que no compartan la propiedad de los medios de producción -- aunque esto no corresponda al uso habitual del término. Los propietarios de los medios de producción están en posición de comprar la fuerza de trabajo del trabajador. Usando los medios de producción, el trabajador produce nuevos bienes que se convierten en propiedad del capitalista. El punto esencial en este proceso es la relación entre lo que produce el trabajador y lo que le es pagado, ambos medidos en valor real. En cuanto que el contrato de trabajo es "libre", lo que el trabajador recibe está determinado no por el valor real de los bienes que produce, sino por sus necesidades mínimas y por la demanda de los capitalistas de fuerza de trabajo en relación con el número de trabajadores compitiendo por trabajar. Es importante entender que incluso en teoría el salario del trabajador no está determinado por el valor de su producto. El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte debido a la competencia entre los capitalistas, y en parte porque el desarrollo tecnológico y el aumento de la división del trabajo animan la formación de unidades de producción más grandes a expensas de las más pequeñas. El resultado de este proceso es una oligarquía del capital privado cuyo enorme poder no se puede controlar con eficacia incluso en una sociedad organizada políticamente de forma democrática. Esto es así porque los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, financiados en gran parte o influidos de otra manera por los capitalistas privados quienes, para todos los propósitos prácticos, separan al electorado de la legislatura. La consecuencia es que los representantes del pueblo de hecho no protegen suficientemente los intereses de los grupos no privilegiados de la población. Por otra parte, bajo las condiciones existentes, los capitalistas privados inevitablemente controlan, directamente o indirectamente, las fuentes principales de información (prensa, radio, educación). Es así extremadamente difícil, y de hecho en la mayoría de los casos absolutamente imposible, para el ciudadano individual obtener conclusiones objetivas y hacer un uso inteligente de sus derechos políticos. La situación que prevalece en una economía basada en la propiedad privada del capital está así caracterizada en lo principal: primero, los medios de la producción (capital) son poseídos de forma privada y los propietarios disponen de ellos como lo consideran oportuno; en segundo lugar, el contrato de trabajo es libre. Por supuesto, no existe una sociedad capitalista pura en este sentido. En particular, debe notarse que los trabajadores, a través de luchas políticas largas y amargas, han tenido éxito en asegurar una forma algo mejorada de "contrato de trabajo libre" para ciertas categorías de trabajadores. Pero tomada en su conjunto, la economía actual no se diferencia mucho de capitalismo "puro". La producción está orientada hacia el beneficio, no hacia el uso. No está garantizado que todos los que tienen capacidad y quieran trabajar puedan encontrar empleo; existe casi siempre un "ejército de parados". El trabajador está constantemente atemorizado con perder su trabajo. Desde que parados y trabajadores mal pagados no proporcionan un mercado rentable, la producción de los bienes de consumo está restringida, y la consecuencia es una gran privación. El progreso tecnológico produce con frecuencia más desempleo en vez de facilitar la carga del trabajo para todos. La motivación del beneficio, conjuntamente con la competencia entre capitalistas, es responsable de una inestabilidad en la acumulación y en la utilización del capital que conduce a depresiones cada vez más severas. La competencia ilimitada conduce a un desperdicio enorme de trabajo, y a ése amputar la conciencia social de los individuos que mencioné antes. Considero esta mutilación de los individuos el peor mal del capitalismo. Nuestro sistema educativo entero sufre de este mal. Se inculca una actitud competitiva exagerada al estudiante, que es entrenado para adorar el éxito codicioso como preparación para su carrera futura. Estoy convencido de que hay solamente un camino para eliminar estos graves males, el establecimiento de una economía socialista, acompañado por un sistema educativo orientado hacia metas sociales. En una economía así, los medios de producción son poseídos por la sociedad y utilizados de una forma planificada. Una economía planificada que ajuste la producción a las necesidades de la comunidad, distribuiría el trabajo a realizar entre todos los capacitados para trabajar y garantizaría un sustento a cada hombre, mujer, y niño. La educación del individuo, además de promover sus propias capacidades naturales, procuraría desarrollar en él un sentido de la responsabilidad para sus compañeros-hombres en lugar de la glorificación del poder y del éxito que se da en nuestra sociedad actual. Sin embargo, es necesario recordar que una economía planificada no es todavía socialismo. Una economía planificada puede estar acompañada de la completa esclavitud del individuo. La realización del socialismo requiere solucionar algunos problemas sociopolíticos extremadamente difíciles: ¿cómo es posible, con una centralización de gran envergadura del poder político y económico, evitar que la burocracia llegue a ser todopoderosa y arrogante? ¿Cómo pueden estar protegidos los derechos del individuo y cómo asegurar un contrapeso democrático al poder de la burocracia? Albert Einstein, científico alemán (1879-1955) Publicado originalmente en Monthly Review, Nueva York, en 1949. Los Travelling Wilburys con "End of the line"...
Una de las cosas más sorprendentes de Egipto para el visitante extranjero, al menos para mi, es el tráfico. He insistido mucho en esto cuando he venido contando las locuras que hemos visto, especialmente en El Cairo, pero realmente hay cosas que son difíciles de explicar. Para que nadie piense que estoy exagerando, a pesar de los "posibles peligros" de que advierten antes de viajar al tratarse de un país islámico y con algunos antecedentes de ataques a turistas, nos sentimos bastante seguros en ese sentido todo el viaje, siendo honestos no nos pareció un lugar peligroso ni nos sentimos amenazados. No más que en algunos barrios de ciudades occidentales. El verdadero peligro en Egipto es la absoluta locura del tráfico en Egipto. Como dicen ellos el tráfico de El Cairo es la Octava Maravilla del Mundo. De hecho a veces uno tenía dudas, pensando conducen por la derecha como nosotros, por la izquierda como los ingleses o de las dos formas, porque no se cortan un pelo a la hora de meterse en dirección prohibida en una calle... o en una autopista, que eso lo hemos visto. Luego hacen esa gracia especial de ir encendiendo y apagando las luces en noche cerrada, que cuando eres peatón te vuelve loco porque aparecen coches cuando menos lo esperas. Porque esa es otra "cruzar las calles en El Cairo" es toda una aventura. Mira que aqui nos saltamos los semáforos y cruzamos por donde no debemos, pero es que alli la gente se tira casi encima de los coches, cruzando las calles por la mitad como en un videojuego avanzando niveles en forma de carriles. Y hay que echarle huevos, porque si no es que no pasas ni de coña, les importan un carallo los semáforos y los pasos de cebra. Lo mejor es sincronizarse con unos lugareños que anden cerca y lanzarse a la aventura en el mismo momento que ellos. Y un par de detalles más, el tema de la bocina, porque realmente si algo distingue a El Cairo es el interminable ruido de bocinas sin parar a todas horas, las utilizan para comunicarse en plan "te voy a adelantar" o "buenos días que Alá te bendiga" pero le dan sin parar 5 o 6 veces por minuto, de hecho hemos vuelto convencidos de que el verdadero valor de un coche en Egipto no son sus caballos o su comodidad, si no el ruido que hace su claxon. Y hablando del valor de los coches, ya se sabe donde están el 90% de los Peugeot 504 y Renault 12 que se fabricaron en el mundo antes de 1980: son taxis en El Cairo.
Para que veais que no exagero esto dice la Wikipedia sobre El Cairo y su tráfico: "Dentro de la propia ciudad, la conducción es realmente peligrosa, llegando a ser incluso temeraria. Los cairotas no dudan en adelantar en cualquier situación incumpliendo las normas de circulación, que a su vez son estrictas, pero que en muy pocas ocasiones castigan a los infractores. La hora punta en la ciudad simplemente no existe, ya que durante todo el día puede considerarse la circulación en hora punta debido a los monumentales atascos que se producen. Por la noche la conducción se hace especialmente peligrosa, ya que los conductores cairotas sólo utilizan las luces para emitir destellos a los vehículos que deben apartarse."
Bueno, a su favor hay que decir 2 cosas. Vimos muy pocos accidentes si tenemos en cuenta aquel caos absoluto de tráfico, en parte porque van despacio y en parte porque Alá efectivamente les debe proteger. Y segundo que en el trayecto entre Luxor y Hurghada, de unos 300 kilometros, pasé alguno de los momentos más divertidos en mucho tiempo, con un conductor y un guía realmente amables, además de ver coches y vehículos varios alucinantemente adornados, iba a decir tuneados pero esa no es la palabra. Durante un rato fuimos en paralelo al Nilo por una especie de carretera, pero luego pasada la indescriptible ciudad de Qena, nos adentramos en el desierto y montañas camino del Mar Rojo, disfrutando en ese viaje de 4 horas un poco del Egipto más egipcio alejados de la corriente turista.
Qué mejor que Chris Rea con "Road to Hell" (la carretera al infierno)
Barack Obama empieza fuerte. Ojalá lo mantenga todo su mandato... "Our economy is badly weakened, a consequence of greed and irresponsibility on the part of some but also our collective failure to make hard choices and prepare the nation for a new age." "Nuestra economía está seriamente debilitada, como consecuencia de la avaricia y la irresponsibilidad de algunos pero también por nuestro fracaso colectivo para tomar decisiones difíciles que preparen al país para la nueva era."
"Nor is the question before us whether the market is a force for good or ill. Its power to generate wealth and expand freedom is unmatched. But this crisis has reminded us that without a watchful eye, the market can spin out of control. The nation cannot prosper long when it favors only the prosperous." "No tenemos delante la cuestión de si el mercado es una fuerza buena o mala. Su poder para generar riqueza y extender la libertad no tiene comparación. Pero esta crisis nos ha recordado que sin un ojo vigilante, el mercado se puede descontrolar. La nación no puede prosperar mucho cuando solo favorece a los ricos." Discurso inaugural como presidente de Estados Unidos (New York Times)
Las esperanzas y las expectativas son enormes. Dada la situación económica mundial así como la crisis eterna en Medio Oriente, probablemente nunca antes los ciudadanos normales del mundo necesitamos tanto como ahora un liderazgo fuerte e inteligente para tomar la dirección correcta. En esa dirección seguro que habrá errores y decepciones, pero esperemos que Obama consiga tan solo un tercio de lo que esperamos de él. Necesitamos un cambio. Un cambio enorme.
"Por muy superior que te creas, nunca acorrales a nadie. Olvidamos a menudo dos cosas: que somos animales, y que un animal acorralado es completamente impredecible y potencialmente muy peligroso." Lola, agosto de 2008.
"Este conflicto no puede resolverse por la vía militar. Si Hamás es bombardeado hasta su desaparición, otro grupo ocupará su sitio" Daniel Barenboim, músico argentino (1942)
El propio Barenboim (que por cierto tiene las dos ciudadanías israelí y palestina) interpreta a Chopin